Alberto Zapater considera que es para estar orgullosos haber sacado adelante una situación tan crítica como la de esta temporada: “Hemos estado a punto de… Quizás otros años también hemos estado en una situación difícil, pero tocar tanto fondo como éste creo que no, de ir últimos y ver que estás a más de un partido de la salvación. Ha habido muchos días de dormir poco”. En ese sentido, señala la llegada de Juan Ignacio Martínez como un aspecto clave para haber logrado la permanencia: “Se ha ganado el respeto y el cariño del zaragocismo para siempre”. Por último, el capitán se ha referido a su futuro: “En mi caso tengo ilusión por jugar con gente en La Romareda, por ver qué camiseta va a ser la del próximo año, por que mis hijos sean conscientes de que me esfuerzo, me sacrifico y trabajo día a día y por llegar a ser el tercer jugador con más partidos de la historia del Real Zaragoza. Pero yo estoy a disposición del club para lo que me necesiten. Nunca voy a ser un problema”.

—Ya aliviados con la salvación en el bolsillo, ¿verdad?

—Ahora puede parecer bonito, pero está claro que hemos estado a punto de… Desde fuera decían que estábamos en una situación tranquila porque te ven a cuatro o cinco puntos, pero era engañoso porque sabías que en cualquier momento podía ser a uno o llegar a esta última jornada jugándotelo todo. Jugar así durante todo el año no es fácil. La gente se suele fijar en cómo el Atlético celebra un título, pero en el fútbol suele haber más desgracias. Por eso hablamos de que hay que enseñar a perder, porque se sufre más de la cuenta y porque hay muchos descensos. Después está la exigencia de este club, lo que te pide la gente y el objetivo inicial. A partir de ahí, desde muy pronto el año salió torcido. Y jugar tantas finales, siempre al borde de que se acabe el mundo, no es fácil. Por suerte lo hemos sacado adelante por el bien del zaragocismo.

—¿Esta temporada ha vivido alguno de los peores días o semanas de su carrera deportiva?

—Este año ha habido muchos días de dormir poco por lo que podría haber supuesto un descenso. Yo, desafortunadamente, he tenido un problema familiar estos últimos meses que me ha hecho relativizar lo que me estaba pasando con el fútbol, aunque acudes al hospital y la gente te sigue hablando de fútbol. Ahí te das cuenta de lo que significa para la gente y de lo que significa el Real Zaragoza para la ciudad. Ha sido un año muy duro porque desde el principio se tuercen las cosas. Cuando cambias de entrenadores se te pone cara de descenso porque puede ser la crónica de una muerte anunciada. Es complicado saber gestionar eso y hemos sacado una situación muy complicada. No sé cuántos puntos hicimos en la primera vuelta, pero la situación era muy crítica. Quizás otros años también hemos estado en una situación difícil, pero tocar tanto fondo como éste creo que no, de ir últimos y ver que estás a más de un partido de la salvación. Quedaba mucho por delante, pero cuando cambias tanto de entrenador, el jugador pierde confianza y duda de todo. La verdad es que gracias a JIM la mentalidad cambió, hemos afrontado cada partido como una final, hemos ido sacándolo y es para estar orgullosos de haberlo sacado porque era una situación muy crítica.

—¿Qué porcentaje de culpa tiene JIM en la salvación del equipo?

—Cambió nuestra mentalidad y supuso aire fresco. Vino como si aquí no hubiera pasado nada y con muchísima ilusión y eso nos lo transmitió. No hay ninguna duda de que gracias a él esto ha salido adelante. Creo que el respeto y el cariño del zaragocismo se lo ha ganado para siempre.

—¿Cómo ha visto desde dentro el papel de los canteranos?

—Es una situación que se suele repetir: salen chavales, lo hacen bien y es una mezcla que debería ser perfecta. Los veteranos y los de fuera tenemos que ayudarles, ellos nos han ayudado a nosotros y creo que esa mezcla es buena para el club. Ellos vienen limpios de mente y con mucha ilusión porque están empezando y nosotros tenemos que aportar otro tipo de cosas. Ellos deben seguir creciendo y nosotros estamos para que cuando ellos se equivoquen se lo hagamos ver y aprendan. Es para estar orgulloso del trabajo que se hace con la cantera, que no es de este año. Tampoco soy muy objetivo porque yo me veo muy reflejado en ellos, ya que también viví eso.

—¿Y ahora qué?

—Lógicamente, ha sido un alivio salvarnos, pero ahora tengo un partido el domingo, quiero jugarlo, llevas una camiseta que tiene la importancia que tiene y debes estar a la altura. Seguramente durante el año no lo hemos estado. En mi caso tengo ilusión por jugar con gente en La Romareda, por ver qué camiseta va a ser la del próximo año, por que mis hijos sean conscientes de que me esfuerzo, me sacrifico y trabajo día a día y por llegar a ser el tercer jugador con más partidos de la historia del Real Zaragoza. El fútbol y el Real Zaragoza son mi vida y soy un privilegiado en poder elegir. A partir de ahí, a veces escucho que tengo contrato. No, yo no tengo contrato. Conmigo es muy fácil. Yo estoy a disposición del club y para lo que me necesiten estaré. Lógicamente, he acabado la temporada disfrutando porque uno lo que quiere es jugar. En otros momentos de la temporada he tenido que ayudar de otra forma, pero uno debe querer jugar y tener esa competitividad. No sé qué pasará, pero yo ya estoy pensando en ganar este partido y en verano cuidarme para que llegue el primer día de pretemporada y ganarme un puesto. Pero repito que yo estoy a disposición del club para lo que me necesiten. Nunca voy a ser un problema. Si sigo jugando es porque creo que puedo ayudar. Ya lo dije cuando no jugaba, que yo me sentía preparado. Luego hay una ley de vida y algún día llegará el fin. Les pasa a todos.

—Ahora encadena quince partidos como titular, ¿pero llegó a pensar en arrojar la toalla en algún momento de la temporada?

—No, si ahora he jugado quince partidos seguidos de titular es porque nunca he arrojado la toalla. Yo veo una pared y quiero pasarla y precisamente por eso sigo jugando al fútbol, porque estoy todos los días al pie del cañón. Y tengo ilusión y pasión por esto. Me siento un privilegiado y por eso decía que quiero disfrutar de esta semana. Para mí disfrutar es entrenar y competir. Después hay que tener suerte con las lesiones. Yo no suelo tener molestias musculares y cuando las tengo me duran un día, pero arrojar la toalla no está en mi diccionario. Yo podría estar en mi casa después de lo de la espalda o de lo de la rodilla y sigo jugando porque esto es mi vida.

—¿Qué medidas habría que tomar para que no se repita una temporada como ésta?

—A mí lo que me ocupa es estar preparado para siempre querer más, pero lo demás… Al final es fútbol y consiste en que la pelotita entre y no hay una fórmula mágica. Seguramente este año se hayan cumplido los pronósticos en Segunda con los equipos que están arriba, pero creo que es el primero que se cumple esa lógica, que en el fútbol no suele existir. Se trata de poner todos los medios de nuestra parte, pero en mi mano no está.

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