En esta sección de blanquivioletas por el mundo hemos conocido las andanzas de varios ex del Real Valladolid que siguen desarrollando sus carreras lejos de nuestras fronteras, pero pocos han tenido tantas experiencias como Sisinio González, más conocido por todos como Sisi y sigue siendo uno de los jugadores más queridos por los aficionados por su horadez en su etapa blanquivioleta, además de por el buen juego que pudo desarrollar.

El manchego de 35 años dejó España en 2015, más concretamente Osasuna, para emprender nuevas aventuras allende los mares. La primera fue en Corea, en el Suwon FC, equipo en el que pasó una campaña. Tras eso, regresó a Europa y probó suerte en Polonia (Lech Poznan) y Grecia (Veria FC), dos equipos en una misma campaña. Pero el gusanillo asiático ya se le había metido dentro y encontró en Japón su destino para los últimos cuatro años, de momento en tres equipos, el Gifu CF, Tokushima Vortis y actualmente en el modesto Ehime FC.

Sisi nos hablaba de esos años fuera de España: «Es mucho tiempo sí, aunque es esos casi seis años, entre lesiones y motivos personales, he pasado temporadas en España, pero cuando he estado, como últimamente en Japón, yendo en enero y volviendo en diciembre, sí se me ha hecho largo y se echa mucho de menos España, es la verdad».

La aventura y el trabajo ha llevado a Sisi a conocer lugares y culturas lejanas, algo que considera que le ha enriquecido: «Conocer otras culturas, otros países y otra gente es sensacional para abrir un poco más la mente. Luego hay sitios y sitios, en algunos te sientes con más satisfacción personal, donde eres feliz y por suerte di con Japón que es uno de los sitios en los que más feliz he sido. Me quedo con Japón porque se acerca mucho más que el resto a los ideales que yo tengo. Es un mundo y una cultura que he admirado desde hace mucho. Ir a Japón y vivir allí era uno de los objetivos que tenía en mi vida».

En esta aventura en el país del sol naciente, Sisi está sólo, ya que su mujer y su hija de siete meses le esperan en España: «Mi mujer siempre ha querido tener su trabajo y ser independiente y Japón es un país que no te da para trabajar si no dominas el idioma, eso o entras en una empresa internacional. Ella es periodista y el tema del idioma es fundamental, así que siempre vengo sólo, aunque nos vemos, ha sido una relación a distancia».

El idioma como suele ocurrir es la principal dificultad a la hora de integrarse en la sociedad, dificultad que remarca Sisi: «El idioma es una barrera enorme ya que necesitas comunicarte y expresarte, que te entiendan. Todos los futbolistas que van de fuera, da igual el nivel que tenga, siempre tiene un traductor que le acompaña a todas partes, pero hay veces que quieres intimidad o ir tú sólo y no poder entender a la gente, es una limitación enorme».

Lejos de intimidarle, Sisi se puso manos a la obra y en cuatro años se defiende en japonés, un idioma que realmente no parece demasiado fácil: «He aprendido japonés porque tienes mucho tiempo libre y aunque para mí fue un reto ya que hacía mucho que había dejado los estudios, me puse a estudiar por mi cuenta, autodidacta y he alcanzado un nivel para entenderme sin traductor, pero lejos aún del buen japonés».

Hace años los extranjeros que llegaban a España aprendían rápido el idioma, cosa que ahora no ocurre; hay jugadores que pasan dos, tres y más temporadas y se van sin hablar prácticamente nada del idioma del país en el que han estado. Sisi tiene una explicación: «El ruso que venía a España hace 30 años que no había los teléfonos móviles de hoy en día y no había internet, si no aprendía, sólo le quedaba sentarse en el vestuario, escuchar a los españoles e intentar pillar algo de la conversación para relacionarse. Las nuevas tecnologías han hecho daño a esa integración de los extranjeros«.

Otra de las grandes diferencias es moverse por un país súper poblado como Japón y hacerlo en coche, además que conducen al estilo inglés, con el volante en la derecha y por el carril izquierdo: «Cuando he estado en ciudades grandes no me ha hecho falta el coche porque me he movido en metro y en transporte público y en los dos últimos años que estuve en Tokushima que es una ciudad más pequeña, sí tuve coche, aunque se conduce al revés que en España; hay mucho tráfico y muy denso, pero al final te defiendes».

La sociedad nipona está llena de tradiciones que para los occidentales resultan distintas y hasta peculiares: «El japonés es muy reservado hacia el extranjero, no son racistas, no es eso, pero es un trato distante, de respeto… más bien de no saber cómo tratar con el extranjero, primero volvemos al tema del idioma y luego porque la manera de relacionarse en esta cultura es totalmente distinta».

El fútbol es un idioma universal, pero cada país tiene sus características singulares y Japón, desde el punto de vista de Sisi, también: «Los japoneses son técnicamente muy buenos y lo logran a base de repeticiones; el japonés entrena desde crío para cualquier disciplina de la vida por repetición, haciendo una y otra vez las mismas cosas; pueden estar tres horas tocando el balón derecha izquierda y eso les da mucha técnica. Son muy disciplinados y son físicamente buenos, el problema del japonés es que su historia en el fútbol es muy corta, 20 o 25 años, y no entienden el juego como nosotros. El fútbol no es un deporte en el que todo se pueda estudiar o medir, el fútbol tiene ese punto ilógico, de reacciones, de intuición que el japonés todavía no lo domina. Tampoco tienen maldad, les falta ser ganadores, competitivos, el saber amarrar un partido, son para todo muy nobles; ese puntito de maldad que hace falta para el fútbol no lo tienen«.

La trayectoria de Sisi en Japón ha sido distinta en cada equipo, desde equipos humildes hasta un equipo con el que logró el ascenso y volvió a un equipo humilde que lucha por no descender: «No han sido grandes logros deportivos, pero yo estoy muy satisfecho con lo que he podido aportar».

El tema de la pandemia sigue encima de la mesa y Sisi conoce bien las diferencias entre España y Japón: «La fase más dura de la pandemia, la primavera de 2020, me pilla en Japón y allí no se vivió ese cierre de todo como ocurrió en España. Allí no hubo coacción de libertad, allí eso no lo han vivido porque es un país en el que el gobierno no puede prohibir al ciudadano que salga. Esos meses tuvimos libertad de salir, pasear, los restaurante abiertos… si hubo un tanto de cierre a la sociabilidad, pero no a la libertad. En Japón ha sido menor la influencia, no ha causado los estragos que en España. Lo están notando en el tema de los JJOO, pero no ha habido ni tantos contagios ni tantas muertes».

La vida de un futbolista lejos de la familia y de todo lo que conoce deja muchas horas vacías que hay que llenar: «Mi día a día era por y para el fútbol, pero después de los entrenamientos he intentado formarme, estudiar japonés, conocer la gastronomía, he ido a muchos sitios; es un país muy gastronómico con mucha variedad. También le dedicas tiempo a estar en contacto con la familia. Pero sobre todo formarme y estudiar».

Cuatro años y las visitas de su mujer le han permitido conocer el país como un turista más: «Sobre todo el primer año que estuve en Nagoya, en el centro de Japón, con el ‘tren bala’ me podía mover a todas partes y cuando venía mi mujer hemos visto Kioto, Osaka, Tokio… ver un poco y viajar bastante… a veces he pensado ‘estoy viajando más por Japón de lo que lo he hecho por España’…».

Con 35 años, a Sisi le queda cuerda para rato y seguramente el archipiélago nipón siga siendo su destino: «Si sigo jugando, va a ser en Japón. Estoy con la recuperación de una lesión y así poder terminar con un buen sabor de boca y es lo q estoy intentado. Mi idea es jugar uno o dos años más… a partir de ahí veremos lo que quiero, lo que puedo y lo que estoy capacitado para hacer».

Sisi machó del fútbol español con apenas 30 años y con un caché importante y eligió salir a otras ligas y habrá quien piense que podría haber estirado su carrera en España, pero él lo tiene muy claro: «Sí… me lo dicen… y de hecho tuve oferta de Osasuna para renovar recién descendido y también ofertas de algunos equipos de Segunda. En aquellos momentos yo tenía aún el nombre que me había ganado para estar en un equipo bueno de Segunda o en algún Primera. Pero fueron años difíciles con las lesiones y yo no quería que la gente en España o yo mismo, me vieran a un nivel que yo no quería mostrar y que nunca había mostrado. Lo que quería era irme fuera, vivir otras experiencias y a la vez que me sirviera para recuperar la confianza física. Fui a Corea y fue como una manera de escapar de mi mismo, de evitar compararme con el jugador que había sido antes de las lesiones».

Muchos años lejos de Valladolid y a la vez muy cerca, ya que su mujer y su hija son pucelanas, incluso su boda se celebró en Valladolid, eso le proporciona una vinculación indeleble, pero sus campañas con la elástica blanquivioleta le han grabado el escudo en el corazón: «Cuando uno se hace de un equipo, ya no se borra jamás. A mi lo que me acerca a los equipos en los que he estado es la gente. Yo me hice blanquivioleta y MUY del Valladolid por la gente, por la gente que estaba en el club, directivos, doctores, director deportivo, utileros, los aficionados… la gente que rodea al club desde dentro y desde fuera. Sigo siendo muy del Valladolid pero he perdido un poco la cercanía que yo tenía porque cada vez queda menos gente con la que yo coincidí, pero siempre lo he seguido como mi equipo en España, el equipo que quiero que mi hija de siete meses vaya a ver al estadio cuando sea mayor y poderla llevar yo al campo cuando tenga seis, siete, ocho años…».

El Real Valladolid acaba de descender y tendrá que luchar por recuperar la categoría. Sisi tiene experiencia en este campo ya que vivió y protagonizó los ascensos de Mendilibar y después de Djukic: «Todo el mundo recuerda esos ascensos y no sé realmente cual fue más emotivo. En el primero era muy joven y no era tan consciente de lo que habíamos conseguido y fue un año lleno de tantos logros que no te paras a pensar. El segundo ascenso a las órdenes de Djukic fue más sufrido, fue un alivio también por la situación económica que tenía el club… que si no ganábamos había peligro de cualquier cosa… fue un ascenso sufrido y muy necesario«.

¿Y con cuál de los dos se queda?: «Para mí el año en el que mejor he jugado fue el último, en el ascenso con Djukic; era una manera de entender el fútbol, de disfrutar… no avasallábamos a los rivales tanto como con Mendilibar, pero para mí las dos campañas de Djukic han sido las que mejor fútbol ha hecho el Real Valladolid en años. Había equipos que contra nosotros no olían la pelota en todo el partido… incluso en Primera. para mí ha sido uno de los mejores Valladolid y si me preguntan con qué Sisi me quedo? con el de ese año del ascenso con Djukic. Hacía jugar mucho al equipo y disfrutábamos». Con esa experiencia, Sisi expresa un deseo para esta próxima campaña: «Espero que logren el ascenso. Lo bueno del Real Valladolid actual es que tiene estabilidad institucional, cosa que antes no tenía. Ronaldo le ha dado esa estabilidad y el club tiene unas bases muy sólidas y eso es gracias al brasileño«.

Cuenta la leyenda urbana que en la pretemporada que el equipo desarrolló en Austria (Mosburg) en un entrenamiento Mendilibar en vez de Sisinio le llamó Sisiano y Sisi corrigió al técnico y este le respondió ‘usted se llamará como yo diga’, ¿qué hay de cierto?: «Es una anécdota totalmente cierta, incluso con alguna palabra más grosera en medio… pero el que conoce a Mendi sabe que cuando él grita o te dice alguna barbaridad, es con un cariño tremendo. Así sucedió y al que Mendi le dice estas cosas, es porque le tiene un aprecio grande».

Sisi ya ha remarcado su gusto por el fútbol que practicó el equipo de Djukic, pero su juventud y su aprendizaje junto al de Zaldibar también le marcaron: «Me marcó mucho, pero sobre todo porque el fútbol que hoy parece tan complejo, él lo hace simple, se centra en el campo, en entrenar y en el partido. Hoy en día la gente cada vez le da más importancia a todo lo que está alrededor y menos a lo que es el campo. Mendilibar eso lo simplifica y lo hace de maravilla«.

La vida sigue y aún le quedan años de fútbol, pero el futuro inmediato ya ocupa minutos en la cabeza del jugador: «Pienso mucho en que voy a hacer y sí me gustaría seguir ligado al fútbol, pero no me veo en una dirección deportiva… aunque sí me gustaría ser entrenador, pero primero entiendo que es muy difícil, que hay muchos y que no sólo por el hecho de ser jugador todo ese conocimiento que has adquirido jugando, lo vas a saber plasmar como entrenador. Me gustaría pero sé lo complicado que es».

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