Pep Guardiola ya sabe lo que es esa Copa y Thomas Tuchel la ha visto muy de cerca, pero no consiguió cogerla. Esta no es otra que la Orejona, el trofeo de la Liga de Campeones, que se juegan este sábado Manchester City y Chelsea con ambos al frente de los dos conjuntos.

Esta semana, Tuchel y Guardiola estarán cada uno en un banquillo, pero hace no tanto tiempo compartían copas de vino y mesa en uno de los bares más conocidos de Múnich con Michael Reschke como anfitrión e invitado de lujo. Ambos compañeros de bar se jugarán, casualmente, la mejor copa de Europa.

Estas, pero en su versión de cristal, asegura Reschke en The Athletic que se movían con fluidez por la mesa cuando juntó a ambos por primera vez en el bar Schumanns, situado en Odeonsplatz, pleno centro de la ciudad bávara. Pep aún era entrenador del Bayern y Tuchel vivía un año sabático después de haber entrenado a un Mainz que al propio Guardiola le gustó cuando se enfrentó a él. Este respeto por los planteamientos de Tuchel le llevó a aparecer de manera casi imprevista en el bar cuando Reschke le avisó de que había quedado con él.

El que fuera director técnico del Bayern cuenta como fueron esas citas. «Fue como ver a dos maestros del ajedrez, a Fischer contra Spassky, o a Cicerón y Sócrates discutiendo la filosofía del fútbol. Hablaban de partidos que sucedieron hace años mientras movían molinillos de pimienta y copas de vino. Eran capaces de reproducir partidos de hace años hasta el más mínimo detalle. Tuchel le preguntaba por partidos de 2009 y como movía los laterales…», explica Reschke.

Tuchel había sido un estudioso del método de Pep yendo a Barcelona para ver su equipo e incluso devorando cada libro que salía sobre el entrenador catalán. Así, en el doble enfrentamiento entre Mainz y Bayern en el primer año de Guardiola en la Bundesliga, Tuchel se ganó su admiración. «Pep le admiraba por jugar como jugaba con un equipo con limitaciones y por la precisión con la que lo hacía», asegura el exdirector deportivo que sentía el entrenador catalán por el ahora míster del Chelsea.

El nivel de la conversación, según él mismo narra, se elevó hasta que el propio Reschke llegó a perderse. «Yo era un espectador. Hablaban algo entre alemán e inglés. No usaban ningún término demasiado técnico, pero era difícil seguirles el ritmo. Estaban tan envueltos en su conversación durante cuatro horas que nadie en el bar, ni siquiera los camareros, se atrevieron a acercarse. Siempre pensé que sabía algo de fútbol, pero ya no estaba tan seguro», añade el que fuera director deportivo de multitud de clubes alemanes que, confiesa, se llegó a «sentir como en una epifanía».

Ambos, asegura Reschke, comparten muchas similitudes. «Soy muy exigentes con sus jugadores y se llevan mejor con los que piensan el juego tan en profundidad como ellos. Los que quieren jugar su propio fútbol suelen tener dificultades. Tácticamente, ambos buscan dominar aunque Thomas es más tecnócrata y Pep más artista», sentencia.

Una admiración que casi vale un trabajo

A Guardiola le gustaba tanto Tuchel, que acabó pasando su currículum al Bayern cuando él ya sabía que se marcharía. Según The Athletic, Reschke, Uli Hoeness, presidente del Bayern y Tuchel llegaron a reunirse para que este fuera el entrenador que sucediera a Pep al frente del Bayern, pero el momento apuntan que no fue el adecuado.

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