Fantasmas, malos augurios, inquietud… Todo puede ser válido para referirse a lo que, a estas horas, puede pasar por la cabeza de cualquier aficionado de Los Angeles Clippers. Tras caer en el primer partido de la serie ante Dallas Mavericks, siguen siendo favoritos; pero ya están avisados. Y ya lo estaban. El curso pasado, ya tuvieron que sudar. Entonces, llegaban como favoritos al anillo. Paul George, Kawhi Leonard… Todo parecía indicar que era el año, el del primer anillo de su historia. Se truncó entre rumores de privilegios, egos, mal ambiente y todo aquello que, desde fuera de las pistas, puede repercutir negativamente en lo que se ve dentro de ellas. Los Nuggets fueron los encargados de la estocada definitiva, pero ya habían sido heridos. Luka Doncic, en una serie para la historia, fue el principal culpable. Lesionado, pero letal. Él solo y cojeando fue capaz de empatar una eliminatoria que parecía decantada antes de iniciarse. 31 puntos, 9,8 rebotes y 8,7 asistencias de promedio que ya son imborrables en la memoria de muchos aficionados al baloncesto. Y que vuelven a ella.

Distinto escenario, muy distinto, pero sensaciones parecidas. Esta campaña, los Clippers poco han tenido que ver con los de la anterior. No en materia baloncestística, siendo una apisonadora igual (o más) de temible; pero sí en el ámbito extradeportivo. Como depredador agazapado, no han alzado la voz en toda la temporada regular. Han ido a lo suyo, sin focos ni estridencias. Sin llamar la atención, incluso rehusando de ella, pero acumulando victorias. Cuartos en el rating ofensivo y octavos en el defensivo, se han mostrado como un elenco igual de feroz en ambos lados de la pista; algo que ya les caracterizaba. A ello, han sumado una puntería desde el perímetro que, simplemente, es aterradora. 47,3% de acierto para Marcus Morris, 44,6% para Luke Kennard, 43,3% para Reggie Jackson… Así, uno tras otro, hasta diez jugadores por encima del 40% de acierto. Tras ellos, otros cuatro por encima del 35%. Muchas armas, muchas alternativas y, en el primer asalto de playoffs, insuficientes para hacer frente a Dallas. Insuficientes, de nuevo, para frenar a Doncic. Ahora, y se pueden cruzar los dedos para que siga siendo así (después de lo visto esta temporada…), sin rastro alguno de problemas físicos.

31 puntos, 10 rebotes y 11 asistencias han sido los culpables. El decimoprimer triple-doble para Luka en la temporada; seguramente, el más importante hasta el momento. Hasta el momento. En su mano queda ampliar la lista, que ya sólo va al alza en quilates de trascendencia; en la de Tyronn Lue, impedir que siga creciendo. De cara al segundo partido del duelo, que tendrá lugar esta misma madrugada (4:30), parar al esloveno es su objetivo, y no lo esconde. «Tiene que llevar mucha carga en ataque y tenemos tres o cuatro muchachos que podemos poner sobre él», ha declarado en la previa. Ante la insistencia de los periodistas de si entre esos tres o cuatro nombres sobresale el de Kawhi Leonard, se ha mostrado tan precavido como esclarecedor: «Obtendréis lo que estáis pidiendo el martes».

Sus palabras dan pistas y los hechos, evidencias. En el choque de apertura, Doncic fue un martillo pilón, una gota constante contra una piedra que se agrietaba exageradamente rápido; pero que encontraba respiro en las situaciones en que Kawhi quedaba emparejado con el base. En esas situaciones, pocas, el esloveno no intentó ningún tiro de campo ni fue a la línea de tiros libres en ninguna ocasión. Un oasis en medio de un esquema defensivo que naufragó de forma constante: con cambios erróneos o tardíos, poca comunicación y una eficiencia lejana a la que marca su rating general. «Me da vergüenza decir el número de puntos a los que renunciamos por nuestra falta de comunicación y por no seguir el plan de juego. Son los ‘playoffs’. No puedes entrar en un partido sin intensidad. Tenemos que ser muy físicos desde el principio y mostrar una mentalidad defensiva», añade Lue a sus palabras. Los angelinos perdieron en el rebote (42 por 39) y en los puntos tras segundas oportunidades (19 por 10); pero tampoco se impusieron en las transiciones o en el acierto en el tiro, con un 27,5% desde la larga distancia que dista mucho del potencial mostrado durante la campaña.

Los Clippers quieren hacer valer su hipotética superioridad y Kawhi, en especial, también. Si el equipo, durante el curso regular, ha sido un monstruo que aniquilaba en silencio, el jugador franquicia no ha sido excepción. Durante gran parte de la temporada, su rendimiento estuvo a nivel de MVP, aunque su nombre, fruto del propio trabajo en la sombra, nunca apareció con fuerza para el galardón. Quiere reivindicarse, por ello y por un final en el que ha estado lejos de su mejor momento, levantando susurros y generando esa atmósfera que rodea a todo jugador que, llegado el momento de la verdad y con un proyecto ganador en su haber, no da el paso definitivo. No pudo disputar 11 de los últimos 18 partidos de temporada regular y, en los que jugó, sus promedios bajaron notablemente. Del 24,8+6,5+5,2 general pasó a un 17,7+5,9+6 y frente a Dallas, pese a un imponente 26+10+5, llegó agotado al final, incapaz de ser decisivo en los momentos de más temperatura. Tras su anillo con San Antonio Spurs, con MVP de las Finales inlcuido, y Toronto Raptors, como líder absoluto y una canasta eterna, quiere seguir grabando su nombre en la historia de la NBA, en la que tiene la oportunidad de escribir su nombre bien alto. Siguiente paso para seguir haciéndolo, apagar a Doncic, con pretensiones (futuras) muy similares.

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