Analizando los presupuestos del Manchester United (711 millones) y Villarreal (145) y el ranking UEFA (8º y 22º respectivamente), no habría color ni emoción pese a ser una final. Echando un ojo al palmarés, con tres Copas de Europa en el equipo inglés más una Europa League, una Supercopa de Europa, una Recopa, un Mundial de Clubes y 20 Ligas, el título ya estaría salpicado de confeti rojo y blanco. El Villarreal puede hablar de una vitrina con dos Intertoto y una liga de Tercera en 1970. Sin embargo, la grandeza del fútbol reside en regalarnos episodios como éste, en el que se equilibran las fuerzas entre uno de los fundadores de la Superliga, con 750 millones de fans, y un club de pueblo con 50.000 paisanos detrás. No sólo se presentan en Gdansk (Polonia) arropados por el mismo número de fieles y con un cuádruple 0-0 en sus cruces previos, sino que además el modesto, al que hacen de menos las apuestas, hará de local, que no es poco, y tiene la motivación añadida, puede que clave, de entrar en la próxima Champions.

El Villarreal ya escribió su nombre en la historia el pasado 6 de mayo al clasificarse para una final después de cinco gatillazos en semifinales. Desde entonces, se había centrado en intentar, por la vía liguera, asegurarse su presencia internacional en septiembre para llegar aquí sin presión. Y lo consiguió a medias, afectando directamente a este duelo: ha entrado en la descafeinada Conference League, que es igual que cuando los Reyes Magos te traen un bañador en pleno invierno. Emery, con tres Europas League, sabe que esa exigencia puede pesar y que en noches así la experiencia es un grado. Por eso, tras llegar invicto eliminando a Salzburgo, Dinamo Zagreb, Dinamo Kiev y Arsenal, maridará veteranos y noveles en una expedición con 13 canteranos. En la plantilla sólo 10 de los 26 integrantes han ganado un título y, de ellos, estarán sentados de inicio Asenjo (salvo milagro), Funes Mori, Coquelin, Iborra, Chukwueze, Alcácer o Bacca. Ahí, en la delantera, hay una duda. El oportunismo de Paco (12 goles) o el hambre de Carlos (9). La otra la protagonizan Yeremy y Moi. Foyth ha sanado a tiempo.

El United tiene menos exigencias clasificatorias. Ha acabado segundo en la Premier. Pero tiene un futuro que construir y más prestigio que perder que leyenda por conquistar. Se juega la necesitad de sostener con esta copa a un plantel multimillonario y, ya de paso, confirmar a Solskjaer tras apear por el camino a Real, Milán, Granada y Roma. Su alineación da miedo pese a que Maguire está tocado; con Bailly (un ex) empoderado, con Pogba y Bruno como líderes y con una delantera con debates del primer mundo: Cavani o Greenwood. Muchas de estas estrellas igual han conocido estos días por vídeo, o por boca de De Gea y Mata, quiénes son Pedraza o Trigueros. Sería buena señal para que Emery sorprenda desde la pizarra.

La noticia, más allá de los onces, estará en las gradas. La UEFA, pese a que en Gdansk absolutamente nadie lleva la mascarilla, ha permitido un 25% de aforo, y esa es otra novedad a la que se agarra el Submarino: el reencuentro con su gente en La Cerámica hace días fue una fiesta ante el Sevilla (4-0). Los 2.100 groguets desplazados y los miles que empujan desde casa, tendrán el orgullo de portar la bandera del fútbol español y la de varios compañeros de grada que se fueron sin poder vivir una noche así. Un sueño en el que, a poco que Pau, Parejo y Gerard afinen como saben, podría pasar de cita histórica a legendaria.

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