En Vila-real todos se conocen. Es un pueblo grande. La mayoría de sus calles son estrechas, un alto porcentaje de sus viviendas son de dos o tres alturas. Por las tardes se sale a la puerta a «la fresca» y los domingos se va al fútbol. Es gente de costumbres en su día a día, de ir su panadería de siempre, su frutería de confianza, a su bar de referencia. Al policía se le conoce por su nombre, los profesores son maestros y a los médicos se les llama de usted. En Vila-real viven 50.000 personas, muchos de ellos vinculados al mundo de la porcelana. Como dice el himno del Villarreal, el club que le da visibilidad en el mundo, es un pueblo «industrial y labrador».

El miércoles 26 de mayo de 2021 quedará por siempre en la historia de Vila-real. Un 5 por ciento de su población se desplazará hasta Polonia para vivir in situ la primera final del Villarreal CF. Y no irán más porque la pandemia lo impide. Como también dice su himno: «La ilusión de todo un pueblo». Pocas letras reflejan tan bien lo que es un club de fútbol para la localidad que lo cobija.

De esa ilusión de todo un pueblo es de lo que trata este reportaje. AS se cita en Vila-real con aficionados que estarán en cuerpo o alma en la final de Gdanks. Sus anécdotas son pequeños trozos de la historia del Villarreal CF, sus relatos transmiten cercanía, empatía, familiaridad. Hablamos con un policía, con el alcalde, con un profesor, con una jubilada, con un panadero, un camarero… Hablamos con una afición que no es un conjunto de gente anónima sino un grupo de vecinos que comparten una pasión.

(REPORTAJE FOTOGRÁFICO: Ángel Sánchez)

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