Lo venimos diciendo todo el año: los Bucks están probando cosas nuevas. Mike Budenholzer, sabedor de que tiene una vida extra por obra y gracia de Giannis Anntetokounmpo, decidió a principios de curso que algo tenía que cambiar. El único plan del que hacía gala para encarar eliminatorias complejas era un arma de doble filo que acababa mostrando unas limitaciones muy obvias. Desde hace meses, el técnico se ha dejado de obsesionar con el récord de la regular season (el mejor de la NBA las dos últimas temporadas, algo que ya consiguió en otra ocasión cuando dirigía a los Hawks) para centrarse en mantener a todo el mundo involucrado. Prueba quintetos distintos, busca la mejor manera de rodear a Giannis y se aprovecha de una plantilla visiblemente mejorada, principalmente por el fichaje de un Jrue Holiday que da una multitud de nuevas posibilidades a la ofensiva de un equipo que ya no depende tanto de Antetokounmpo. O que se sigue aprovechando mucho de él, pero tira también de todos los demás y no se queda en la superficie, en el poderío exclusivo de su estrella. Los Bucks ya no son solo Giannis: ahora son mucho más.

Los dos partidos de la serie han sido la noche y el día, pero han tenido un denominador común: la victoria de los Bucks. En el inaugural, fue un ejercicio de supervivencia impresionante, con Jimmy Butler forzando la prórroga y Khris Middleton sentenciando en la misma con un tiro ganador increíble. Giannis supo ceder el protagonismo en los últimos minutos a un hombre más clutch que él y Milwaukee se adelantó, llevándose un partido que en otra temporada, quizá hubiesen perdido. Esta vez, la balanza se inclinó para su lado por el buen hacer táctico de su técnico y el aguante psicológico, resistiendo el impulso del sexto clasificado, el mismo equipo que les ganó el año pasado en una lección deportiva de pocos precedentes (4-1) y con los Bucks atesorando el mejor récord de la NBA. En este segundo asalto, las energías de los Heat parecen haberse diluido; el equipo de Erik Spoelstra rema peor contracorriente y sufre si no puede marcar el ritmo de un partido o de una serie. Y está a años luz, claro, de ese grupo de jugadores que se colaron en las últimas Finales de forma tan inopinada como merecida. Son los mismos, sí; pero a la vez, son muy distintos. Y sin la ausencia de ventaja de campo ni la presencia de la burbuja, sus carencias son más obvias y su vulnerabilidad aumenta.

Los Bucks sentenciaron nada más empezar: 46 puntos y 10 triples en un primer cuarto para la historia, con récord de triples incluido y un poderío físico que apabulló a un rival imberbe que solo pudo participar en lo que pasaba como mero espectador. No hubo ni siquiera un momento en el que los Heat consiguieran empatar el duelo o ponerse por delante; y por si fuera poco, perdieron también los tres cuartos siguientes, sin que los Bucks, incansables, dejaran de martillear el aro rival y de mostrar un nivel defensivo superlativo, dejando a un equipo que ha promediado 108 puntos por noche en temporada regular en tan solo 98. Los Bucks anotaron 22 triples en 53 intentos (por encima del 40%), atraparon 61 rebotes (21 ofensivos), repartieron 34 asistencias (14 más que Miami), provocaron 11 pérdidas en sus rivales e hicieron 25 faltas, un buen ejemplo de la cantidad de físico con la que impregnaron un enfrentamiento que dominaron desde el primer minuto y del que los Heat salieron escaldados.

Giannis lidera la paliza

El mejor del partido fue, claro, Giannis Antetokounmpo. La estrella griega acabó con 31 puntos, 13 rebotes, 6 asistencias, 3 robos y 1 tapón para un +19 con él en pista, números tremendos que quedaron patentes desde el inicio: en la primera jugada, la defensa de los Heat le flotó y anotó un triple sin dudar (luego falló los seis siguientes), sentando las bases de lo que iba a ser el encuentro. Además, Middleton tuvo un encuentro muy seguro (17 puntos, con 4 de 5 en tiros de campo, 3 de 3 en triples y 6 de 6 en tiros libres) y Jrue Holdiay dio un clínic en la distribución y jugó un partido increíblemente completo: 11 tantos, 7 rebotes y 15 asistencias, un escándalo en apenas 30 minutos de juego. El elemento diferencial de los Bucks, eso sí, fue Bryan Forbes: 14 puntos en el primer cuarto (con 4 de 5 en triples), 22 al final con 6 de 9 desde el exterior. PJ Tucker volvió a ser un filón defensivo, Bobby Portis aportó 11 puntos, Pat Connaughton 15, y todos los jugadores locales acabaron con +/- positivo. En otras palabras: exhibición.

En los Heat no funcionó absolutamente nada. En el primer cuarto, solo Dewayne Dedmon aportó algo de luz (9 puntos con 4 de 4 en tiros), pero en el resto del partido, la apatía se apoderó del equipo de Erik Spoelstra, el hombre de las eternas soluciones que se quedó sin ellas demasiado pronto. Al final, Butler aportó 10 puntos, pero los Heat acabaron con un ignominioso -34 con él en pista; Trevor Ariza intentó tres triples sin suerte en 19 minutos, Adebayo se fue a 16+3+4 y fue apabullado en todo momento por el poderío zonal de los Bucks y Duncan Robinson aportó 10 estériles tantos. Los mejores, Goran Dragic con 18 puntos (pero con 1 de 5 en triples) y el ya mencionado Dedmon, que acabó con 19+9 y fue el único que tuvo una serie de tiro (8 de 11) ligeramente aceptable. Por ahí, por cierto, pululaba un tal Tyler Herro, una sombra de lo que fue en la burbuja de Florida: 4 puntos y 1 de 5 en tiros en 18 minutos. Los Heat ponen ahora rumbo a Miami con la intención de encauzar una eliminatoria que tienen muy complicada, más por sensaciones que por resultados (2-0 ya para los Bucks). Giannis y compañía ganaron un primer duelo igualado y han apalizado a sus rivales en el segundo. Y parecen más fuertes que nunca. Veremos si eso les vale para optar definitivamente al anillo o se queda todo en un mero espejismo. De momento, van por el buen camino.

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