Un referente. Anoche, muchos ojos andaban puestos en Guardiola, el mejor entrenador del mundo. Suma 31 títulos en su carrera, sólo por detrás de Ferguson (48) y Lucescu (35), que estuvieron o han estado cuarenta años de carrera. Guardiola sólo lleva trece cursos dirigiendo, una buena manera de medir la dimensión de este entrenador. Pero, seguramente, eso no cure la decepción de Pep. No vimos un gran City en la final de Oporto. Y tampoco al mejor Guardiola, porque ningún entrenador quiere que el gol de una gran final venga de un mal balance defensivo y una pésima interpretación del juego. Guardiola quiso innovar y jugar sin stopper (Rodri o Fernandinho). Esos inventos le han salido bien siempre durante su carrera. Touré, de central por necesidades en las finales contra Athletic y United en 2009; el 4-6-0 de la final contra el Santos de Neymar en el Mundial de Clubes de 2011. Simplemente, ayer no funcionó.

Una idea. El City de Guardiola perdió. Pero Pep sigue. En sentido real y figurado. Ha llenado portadas toda la semana con esa histriónica filtración que le vinculaba con el Barça y que no tenía nada de real. Así que Guardiola seguirá evolucionando al City como lo hizo con el Barça y también con el Bayern. Es fantástico ver a Guardiola sintiéndose identificado con la manera de hacer del City. Así que es probable que vuelva pronto a una final. Esas lágrimas de De Bruyne llegaban dentro porque el capitán y el entrenador sienten exactamente lo mismo.

Tuchel. El Chelsea fue justo ganador de la final y, sobre todo, demostró que hay una manera de jugar que no sólo es ganadora, también es brillante. Es triste encontrarse con fundamentalistas que sólo creen en un estilo. El del Chelsea ha sido fabuloso desde que llegó Tuchel. Porque lo de los blues no ha sido una casualidad. Con Lampard ya pasó por encima del Sevilla en el Sánchez Pizjuán pero, sobre todo, acabó a bofetadas con el Atlético y el Madrid. Minusvalorado, ha sido muy superior a todos sus rivales en las eliminatorias. Y ayer ganó con solvencia. Con un equipo físico atrás (Azpilicueta, Christensen, Rudiger renacido con el entrenador), magnífico en los carriles; dinámico en el centro (Kanté), veloz arriba. Pero que también valora el talento. Mount y Havertz coronan a un equipo poliédrico y que tiene desarrollo. El Chelsea y el Villarreal son los nuevos reyes de Europa. A sus entrenadores, Tuchel y Emery, los despidió el PSG. El City perdió en Oporto. Pero Pep sigue. El cruyffismo sigue. La idea continúa.

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