El Real Valladolid comienza ya a mirar al futuro después de una temporada para el olvido, culminada con un descenso que pocos o nadie podrían haber previsto cuando empezó el curso, después de hacer un desembolso mayor al de pasadas campañas. Pese a este, la plantilla no conectó con Sergio González y ofreció, en general, un rendimiento pobre que justifica el desastre y alejado del crecimiento esperado.

Masip: Paró bastante menos que en temporadas anteriores. Cometió algunos errores que costaron goles y no ofreció demasiada seguridad a una defensa que, de por sí, era ya insegura. En su descargo cabe reconocer que las pobres prestaciones de la zaga convirtieron muchas veces la portería en un paredón.

Roberto: Nunca fue inferior a su par. El coronavirus de Masip le hizo aparecer en el once, del que desapareció porque, aunque él sí paraba, el equipo encajaba muchos goles. Cuando recobró el puesto, la COVID se lo quitó, de nuevo, sin merecimiento. Terminó el curso ocupando la puerta circunstancialmente por una rotación difícil de explicar.

Janko: De más a menos. Su velocidad y su capacidad pulmonar sorprendieron cuando debutó, aunque, como decía el anuncio, la potencia sin control no sirve de nada. Tardó en encontrar continuidad debido a dos lesiones seguidas, y cuando pareció estar asentado en el equipo titular, estuvo lejos de lo soñado en su arranque del curso.

Luis Pérez: Señalado cuando llegó como uno de los mejores fichajes de Segunda, no justificó demasiado ni esa vitola ni el salto de categoría. Tanto es así que Sergio llegó a dudar de él y que en enero se habló de una posible salida. Quizás no costase puntos directamente, pero dejó muchísimas dudas.

Bruno: Durante buena parte de la temporada tuvo un rol más importante del que se esperaba a su llegada. Las bajas de otros compañeros de su posición le ayudaron más que su propio fútbol, ya que, como la línea en general, fue otro sospechoso habitual, más allá de un pequeño tramo prometedor junto a El Yamiq. Acabó con un rol más secundario.

El Yamiq: Condicionalmente hablando, es, por descontado, un central de Primera División. Sucede que esas condiciones (al menos las físicas) no siempre van acompañadas de la concentración requerida para la élite, algo que le costó más de un error. Aun así, en un teórico once ideal, estaría él.

Joaquín: Su temporada deja una sensación extraña. Su vitola fue la de jugador importante, y más de una vez se multiplicó, como acostumbra, para achicar agua. Sin embargo, no dejó la impronta del pasado ni dio el paso adelante que cabía esperar ante las bajas de Salisu y de Kiko Olivas. En cualquier caso, debería ser importante en el futuro.

Javi Sánchez: Las malditas lesiones que lleva sufriendo desde su llegada al Real Valladolid volvieron a ser un continuo. Viendo que todo le pasa a él, dicho desde el cariño, sorprende que no pasara la COVID. Fruto de esos problemas físicos, no demostró cuanto debía después de la fuerte inversión hecha en él.

Kiko Olivas: Se le echó de menos como se echa de menos a los abuelos cuando mueren. Lo suyo fue como lo de esos amigos indispensables a los que recurres cuando te deja tu pareja, y sin embargo, a los que echas poca cuenta cuando eres feliz con la nueva. Su retorno fue una de las pocas alegrías del año.

Nacho: Seguramente cumplimentó su peor temporada como blanquivioleta. Salió en más de una foto de los goles rivales; unas veces, fruto de un mal posicionamiento, y otras, de una pobre defensa, normalmente, de sus espaldas. Por si fuera poco, en ataque ofreció bastante menos que otros años.

Carnero: Una grave lesión echó al traste su temporada. Previamente, amenazó la posición de Nacho, en parte por su bagaje y en parte por las mayores garantías del gallego. Cuando no, incluso compartieron once, aunque lo cierto es que Carnero tampoco llegó a descollar en ningún momento.

Olaza: Uno de los fichajes de la temporada, a pesar de llegar en enero de manera accidental e insospechada. Difícilmente se vio a rivales sobrepasarle con claridad, lo cual esta campaña ya supone un triunfo. Lejos del ‘sambenito’ que porta, en ataque también suma. Sergio prescindió de él incomprensiblemente en un momento clave.

San Emeterio: Asomó en el inicio de curso con una cara bastante semejante a la que se vio de él en el Granada. Aquel empaque fue perdiendo efecto, primero, porque a veces le tocaba correr por varios, y otras, porque su incidencia con balón era bastante escasa. Por ello, fue perdiendo protagonismo.

Alcaraz: Muy lejos del rendimiento óptimo de su primera temporada como blanquivioleta. Revolucionado a menudo, con lagunas defensivas frecuentes, no solidificó el centro del campo como cabía esperar de él. Con balón estuvo, cuando menos, inconsistente. Su peso y su relevancia fueron menores de las esperadas.

Roque Mesa: Los mejores momentos de fútbol del Real Valladolid llegaron con él sobre el campo, liberado y ejerciendo un liderazgo, sin embargo, irregular. Aguerrido como pocos recordaban y clarividente a medias, no terminó de encontrar la pareja de baile ideal, lo que hizo que a veces moviera los pies a un son distinto del resto.

Kike Pérez: Temporada seguramente para el aprendizaje la suya. Ni tuvo la continuidad que su fútbol demandó en ocasiones ni, sobre todo, la tuvo en la posición en la que está más hecho a jugar, la de mediocentro. Perdido en la mediapunta muchas veces, tuvo menos incidencia de la que su fútbol seguramente le permitiría.

Míchel: Alternó fases en las que no tuvo presencia alguna con otras en las que incluso se puede decir que fue importante. Si fue así, fue porque encadenó varias jornadas jugando a un nivel aceptable, por lo menos dentro del contexto general. De hecho, participó en las ocho últimas jornadas, en las que, eso sí, no pudo evitar el descalabro.

Pablo Hervías: A veces desatascador, o cuando menos ‘revolucionador’, fue otro de los que debió tener mayor protagonismo en algunos tramos. Sergio encontró en él un recurso como lateral cuando lo necesitó, aunque su efecto fue efervescente y acabó mostrando la escasa adaptación a la posición con errores.

Óscar Plano: Completó su mejor temporada goleadora desde que llegó al Real Valladolid, con cinco tantos, que le sirvieron para erigirse como el tercer máximo goleador del equipo. Jugó más por la derecha que en anteriores campañas. Participó en más goles que nadie, ya que ofreció cinco asistencias, las mismas que Hervías.

Toni Villa: Dolorosamente infrautilizado. Incomprensiblemente denostado por Sergio, a pesar del amor que le proclamó, empezó bien, siendo líder, pero la mala dinámica global se lo llevó por delante. En la que parecía ser la temporada de su madurez, acumuló menos de mil minutos, aunque incluso en el tramo final, cuando reapareció, dejó retazos de su calidad.

Orellana: De menos a más. Gris en el inicio del curso, dio la sensación durante semanas de que solo los penaltis marcados le iban a servir de acicate. Seguramente para muchos estuvo lejos del rendimiento esperado, aunque con el avance de la campaña creció, sobre todo, una vez se alojó en la izquierda y se asoció con Olaza.

Waldo: Decir que se quedó relegado a un segundo plano es quedarse corto; ante la profundidad de la plantilla que manejaba Sergio González, acabó siendo el futbolista con menos minutos de todos de cuantos dispuso. No obstante, cuando jugó, tampoco fue capaz de reivindicarse y demostrar que merecía más minutos.

Jota: Dejó algún tímido destello de su gran calidad técnica, eso sí, con cuentagotas. Como otros futbolistas, no dispuso de las oportunidades que presuponía su potencial, aunque, en honor a la verdad, fue un poco ‘mentiroso’; dejó muchas filigranas, pero poca incidencia de cara a la portería rival.

Sergi Guardiola: Un solitario tanto en 1.793 minutos, y de penalti, es su escasísimo bagaje. Voluntarioso a veces, aunque improductivo casi siempre, marcó los mismos goles que dos porteros de la Liga. Ningún otro delantero en los otros 19 equipos de Primera jugó tanto aportando tan poco de cara a puerta.

Kenan Kodro: Ni siquiera en los tres partidos que disputó como titular de manera consecutiva le acompañó la fortuna, aunque sí dispuso de alguna ocasión clara para estrenar su casillero de goles. Ni lo hizo ni llegó a dejar una imagen de suficiencia, lo que, unido a su lesión del final, hizo que se convirtiera en intrascendente.

Marcos André: Hubo un brasilero antes de la lesión y otro después de ella. En 2020, lideró el ataque marcando cuatro goles, y eso que tardó en ser titular. Su potencia recordó a la de grandes delanteros de la Liga, pero tras la pubalgia no encontró nunca el ritmo y puso punto final a la temporada con sensaciones algo contradictorias.

Weissman: Tiene el gol entre ceja y ceja. No se entendió que tardara tanto en ser protagonista, teniendo en cuenta su olfato. Seis goles legales, tres anulados y tres disparos al palo indican que es un futbolista más que aprovechable, por más que en algunas ocasiones el equipo no le encontrase o no le entendiera.

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