Cuando ya parecía que estaba encarrilado, golpe de timón. Y de qué forma. Está pasando en el Blazers-Nuggets y también, contagiándose, en el Suns-Lakers. En el caso de los de Arizona y California, mucho más acusado. El hombro de Chris Paul, aún dolido, fue un lastre en el segundo encuentro de la serie, en el que los angelinos robaron el factor-cancha de su oponente, pero ahora las enfermerías tienen un nuevo invitado: Anthony Davis. En el ala-pívot de Chicago se centran ahora todos los esfuerzos médicos y los aficionados y analistas giran el cuello para observar su evolución, de la que depende el rumbo de esta serie que ahora queda empatada a dos y todo está abierto. 

A los Lakers les invadió la depresión en la jornada de domingo. Concretamente, por centrar el espacio-tiempo, a partir del paso por vestuarios tras el descanso. Hacía allí volvió Davis, apoyándose en una bicicleta estática que hay en el túnel, sin poder casi andar. No regresó y sus estatus será el del ir día a día, como se suele decir, si no termina siendo descartado para el próximo compromiso, el quinto, de vuelta a Phoenix. Le hizo un extraño la rodilla, pero fue evaluado y también tiene afectada la parte izquierda de la ingle. Dos problemas en uno, que es el máximo: si no se recupera rápido, el rival huele sangre. 

En los Suns, sólo un pequeño cambio de plan a lo que vienen plasmando: Kaminsky en lugar de Saric. Lo demás, intacto. Y volviendo a la alegría anotadora del primer día, que es lo que en un equipo que ese asocia tan bien en ataque es lo que les da un punto diferencial. Todos estuvieron en buena línea y los tiros que no le entraron a Booker (5/14) sí le entraron a Crowder (6/12), que además de sacar el perro de presa que lleva dentro en defensa también es capital en los tiros liberados como le pasó en Heat y Celtics. No fue su turno, sin embargo, hasta el tercer cuarto. 

La primera mitad estuvo muy pareja, pero con errores conocidos en los Lakers. Algo ya olía mal. La baja de KCP dio más minutos a Matthews y McLemore, pero Vogel sigue emperrado con Drummond y no tanto con Morris. El resultado de todos ellos fue el más negativo que se buscaba. Harrell jugó sólo cinco minutos y el encargado de suplir las carencias desde el banquillo fue Marc Gasol, que acabó con 12 puntos y 8 rebotes. De nuevo, mucho a corregir. 

La aportación de LeBron James (25+12) fue la del líder que se presupone que es haya o no segunda estrella, aunque la fortuna tampoco le sonriera a la hora de tirar: 1/7 desde fuera. No estaba ni Kostas Antetokounmpo, que se ha tenido que marchar a Grecia por asuntos personales. Pero los Lakers dieron la talla hasta que algo hizo crac. No sólo en el cuerpo de Davis, también el ánimo de la plantilla. 

El parcial que se abrió tras el descanso fue matador. la distancia estaba en sólo 4 y se puso en 16 al terminarse la manga. Paul y Payne manejaron ante un errático Schröder y por dentro las jugadas acababan muy fácil para los Suns. Un arreón en los últimos minutos, en zona de cuarto periodo, ya no valió y Vogel sacó la bandera blanca preocupado por lo que está por venir.

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