Hubo un día en el que Leandro Bolmaro (Las Varillas, Argentina, 11 de septiembre de 2000) tuvo que tomar una decisión que le cambiaría la vida: con 15 años, debía decidir por qué deporte se decantaba. Hasta esa edad, había estado compaginando el baloncesto con el atletismo, disciplina en la que fue campeón nacional, pero la exigencia cada vez mayor y la entrada al profesionalismo cada vez más cerca le obligaron a apostar por uno de los dos. Y se decidió por el baloncesto: «Creo que elegí bien», comenta a AS con una sonrisa.

De pequeño Bolmaro ni siquiera jugaba al baloncesto. Estaba centrado en el atletismo y disfrutaba como un aficionado más del deporte con el que hoy se gana la vida. Veía los playoffs de la NBA y poco más, hasta que apareció la Generación Dorada del baloncesto argentino. O, mejor dicho, hasta que vio a Manu Ginóbili: «Me fijaba muchísimo en él, crecí viéndole jugar. Fue entonces cuando me enganché al baloncesto«, confiesa. A partir de ahí, su carrera ha sido meteórica. Con tan solo 17 años ya jugaba en la máxima división de su país y el Barça se fijó en un escolta alto, con un físico imponente para su edad y con todos los ingredientes para convertirse en un excelente jugador de baloncesto. Y le fichó.

Pesic y Jasikevicius

Las lesiones de Huertel y Pangos, los bases de su primera temporada en Barcelona, le abrieron la puerta del primer equipo, pero en una posición que no era la suya. Acostumbrado a jugar de dos, en Barcelona lo reconvirtieron como base. Y buena culpa de ello la tuvo Pesic, quien le dio los primeros minutos de azulgrana. Además, lo comparó con Messi: «El fútbol tiene a su Leo y ahora el baloncesto también. Estoy seguro que tendrá un gran futuro y ya tiene el respeto de los profesionales». Un respeto que ha seguido ganándose cada día, en cada entrenamiento y en cada partido: «Desde el primer día intenté luchar con mis compañeros, ganarme un puesto. Ahora estoy jugando, pero me lo he ganado«, explica Bolmaro.

Pese a que fue Pesic quien le dio la oportunidad de debutar en el primer equipo ha sido Jasikevicius quien ha apostado decididamente por él. Tras Calathes, él es el segundo base del equipo. Por delante de Westermann: «Ha sido uno de los mejores, sino el mejor, en el esfuerzo. Es un ejemplo para los veteranos», asegura Jasikevicius. A la intensidad, entrega y sacrificio que ha demostrado desde el primer día, se suma ahora una regularidad que ni él preveía: «No me esperaba jugar tantos minutos«. Pero todos, compañeros y técnicos, coinciden sin fisuras: se lo ha ganado.

Final Four y la NBA

Con la Final Four de Colonia en el horizonte, este puede ser el último año de Bolmaro en Barcelona. Fue drafteado el verano pasado en la posición 23 (la mejor que nunca ha conseguido un jugador argentino) y los Minnesota Timberwolves ya le esperan: «Tenemos un jugador que drafteamos el año pasado que se incorporará en el próximo curso», comentó el presidente ejecutivo de la franquicia. Bolmaro, sin embargo, no lo tiene tan claro: «No sé qué pasará, todavía lo tengo que decidir. Cuando acabe la temporada veremos con mi representante si es mejor quedarme o irme. Aún no hemos tomado una decisión». Uno de sus compañeros que ya ha jugado en la NBA, Álex Abrines, tiene claro que «demostrará lo que vale porque tiene mucho talento» pero también le advirtió de la dureza de la mejor Liga del mundo: «Habrá momentos en los que no juegue ni un minuto y deberá ser paciente». Por el momento sigue en el Barça y su única preocupación es ganar la Euroliga: «Sería increíble«.

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