Hoy toca hablar con Roberto Rodríguez (Vigo, 1990) porque representa el espíritu random de esta sección de historias relacionadas con el deporte. “Tengo en una mano el móvil para hablar contigo y en la otra estoy aguantando una nevera a pulso, que estoy ayudando a mi padre a cambiarla de sitio”, nos confiesa tras media hora larga de conversación telefónica. Habla con AS soportando 60 kilos en un brazo como el que se agacha a abrocharse un zapato. Con 1,85 de altura y unos 155 kilos de peso, es turno para descubrir al hombre más fuerte de España. Suena a adjetivo superlativo empleado manidamente por nuestro gremio, pero en este caso es la realidad. Tampoco me atrevería a decir otra cosa en su presencia, como cuando me tocaba ir a pedir tímidamente un cambio de foto en cierre a Antonio Villagómez, el particular strongman de AS, embutido siempre en camisetas ceñidas que hacían ver que los bíceps de sus brazos eran como tus cuadríceps. Al igual que con el gran ‘Antoñito’, las apariencias engañan y tras la imagen de súper hombres encontramos personas entrañables. La línea del miedo inicial a acercarse a las ganas de abrazarles se traspasa rápidamente tras una amena charla. Roberto tira en su gimnasio de Vigo con 360 kilos en peso muerto, 320 en sentadilla o 255 en press banca. Consume de 3.500 a 10.000 calorías diarias dependiendo en el periodo competitivo que se encuentre. Hoy ‘sólo’ había desayunado antes de nuestra entrevista dos hamburguesas, acompañados de dos huevos cocidos, 200 gramos de bacon con crema de cacahuetes y unos raviollis a media mañana. Gasta al mes unos 700 euros en sólo alimentación. “Este deporte es muy diferente a otros, donde alimentan el ego. Aquí alimentamos al músculo. Si estamos en una competición que estamos uno contra uno y veo que se le rompen las correas a mi rival y compañero, Juan Ferrer, no dudo un instante en ayudarle y al contrario pasaría lo mismo”, subraya. Su especialidad es levantar piedras de 600 kilos o neumáticos de 573 kilos, correr con maletines de acero de 400 kilos, levantar coches o arrastrar camiones. Así que si ustedes opinan que el calificativo de “hombre más fuerte de España” es exagerado, les remito a las redes sociales, donde muchos de ustedes son muy valientes, y concierten una quedada con Roberto y su amigo Juan, por ejemplo, para explicarles mirándoles a los ojos que en el gimnasio de su pueblo tienen un primo que levanta más hierros que ellos.

Con 12 años, Roberto ya pesaba 100 kilos. “Llegué a ser portero de la selección de fútbol sala de Galicia. Me hice portero porque no había que moverse. Ni me gustaba ni me gusta correr”, cuenta tras una tímida carcajada. Noble y sincero a partes iguales. “Mi padre se dio cuenta de lo que tenía en casa cada vez que iba yo a abrir la puerta de la nevera”, explica sobre sus inicios en el gimnasio y su genética: “Con 10 ó 12 años me llevaba los postes de viña en la finca de mi padre, que pesaban unos 60 ó 70 kilos, para llevarlos de un sitio a otro”. Veinte años después se ha convertido en un Strongman, que es una disciplina de fuerza, pero a diferencia del Powerlifting o la Halterofilia, existe una gran variedad de movimientos a realizar. En base al resultado de cada movimiento, los atletas reciben una puntuación. Roberto Rodríguez es el hombre a batir en la Liga Nacional de Fuerza, una competición que se celebra de 2008 y donde aparece como el atleta con más participaciones (25 torneos) y títulos (cuatro). Sólo hay 8 atletas en la élite de nuestro país, que participan en esta Liga que cada año desciende a los tres menos fuertes (nunca débiles). Los mejores se encuentran en países nórdicos como Islandia, con gran tradición en los deportes de fuerza. El próximo 5 de junio se celebrará en Alcabón (Toledo) el último torneo de la temporada donde los ejercicios son: arrastre de camión de 12 toneladas con cuerda a lo largo de 20 metros en un tiempo máximo de 90 segundos; combinada de máquinas, que serán cinco repeticiones de la máquina Viking Press Inclinada con 280 kg y cinco repeticiones de la máquina Supersquat de sentadillas de 300 kg; el paseo del pato de 200kg a lo largo de 20 metros; el aguante de carry con un peso de 200 kilos el mayor tiempo posible; o la mudanza de bidones, con un peso entre 200 y 140kg a lo largo de 10 metros. “Ahora después de entrenar me duele todo. Tuve la suerte de que nunca me rompí. Tengo mucho respeto a las lesiones, pero nunca puedes pensar que te puede pasar. Cuando levantas maletas de 400 ó 500 kilos estás aplastando los discos de tus vertebras. Son sensaciones difíciles de explicar y que te hacen sentir único. Es verdad que un mal paso o una mala postura en un momento determinado puede terminar de joderte una rodilla o una articulación, pero son los riesgos que uno de en asumir para ser el hombre más fuerte del mundo”, confiesa Roberto, que tiene una fijación vertebral en las tres primeras vertebras atornilladas en la cabeza tras un accidente de tráfico. Asegura que le cuesta descansar bien por las noches cuando le toca hacer el súper yugo, un marco con dos postes verticales conectados por una viga transversal que se encuentra sobre los hombros, la zona baja dispone de trineos o postes para mantenerlo estable y suele pesar en torno a 250 kilos. “A mí me lo pueden quitar todo menos mis hijos y las pesas”, advierte.

Pero ni el hombre más fuerte de España es invencible ante los efectos no visibles de la pandemia. “Si me quitan eso puedo entrar en depresión, a beber cervezas… Al principio de la cuarentena aguanté bien, pero hubo un tiempo que me dejé llevar y vino mi padre y me cogió por banda”, detalla. El impacto de la crisis del coronavirus ha golpeado no sólo a las competiciones, y por ende al bolsillo, sino a las rutinas de entrenamiento. “Sólo me dedico a esto y si no llega el dinero me tengo que dedicar la construcción, por ejemplo, o entrenando a gente en los gimnasios. Por eso es importante para mí patrocinadores como Gaiax nutrición, Power Hispania o Gigante Gym Wear, que me echan una mano. Pero esta crisis nos ha afectado mucho. Antes salíamos a hacer exhibiciones en plazas de pueblos. No es algo que me guste especialmente, el hecho de que te miren, pero es una forma de ganarse el pan. Una de las pruebas que más gusta a la gente es cuando llevo un quad en la espalda como si fuera una mochila.  Yo entreno en mi casa, en la finca de mi padre en Teis, que con 400 metros de nave tengo un gimnasio montado, pero en Vigo no recibo ninguna ayuda. Ni para viajar en las competiciones ni para nada”, lamenta. Conseguir esa pequeña ayuda institucional está siendo tan duro como la batalla de Rande, en la que en el siglo XVIII se enfrentaron los galeones anglo-holandeses contra los hispano-franceses en la ría de Vigo durante la Guerra de Sucesión Española. Roberto ha participado en shows televisivos como Got-Talent y colaboró durante tres años en la Televisión Gallega en un programa levantando coches. “No entreno para que me miren. Soy muy reservado”, insiste cuando recuerda que su mayor exhibición con público fue ante 30.000 personas, en un campeonato de Europa de camiones en el circuito del Jarama. Todo por un sueño. Seguir entrenándose. Y reunir dinero para seguir viajando por países como Serbia, Finlandia, Alemania o Italia para intentar proclamarse el hombre más fuerte del mundo. “En agosto quiero viajar para participar en el campeonato del mundo”. Palabras mayores. Como sus propios músculos y mismísimo corazón.

La playlist del vestuario random

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