La carrera contrarreloj de los Wizards para meterse en playoffs ha sido una de las historias de la temporada regular, pero ahora que han llegado aquí y se tienen que enfrentar con los mayores, la cruda realidad les ha pegado un bofetón en la cara. No ha sido estruendoso, pero sí suficientemente firme como para demostrarles en qué nivel están respecto a su rival. Porque los Sixers, sin hacer un partido del otro mundo (incluso malo durante un buen rato del primer tiempo), pisaron el acelerador defensivo al final del tercer cuarto, no levantaron el pie en el último y sólo con eso (que en el caso de los de Filadelfia es mucho) acabaron con la resistencia de su rival.

Es cierto que en ese último cuarto empezaron a ver el aro como una piscina dos hombres que son absolutamente claves en las aspiraciones de anillo de los Sixers. Seth Curry y Danny Green, que no son ni el primero, ni el segundo, ni el tercer mejor jugador de la plantilla, pero con su presencia en pista han hecho cambiar radicalmente el ataque de su equipo. Amenazantes desde el perímetro, el único problema no es que puedan meterte un triple en cada jugada, es que para defenderlos bien te obligan a abrir la defensa, y con esos espacios por dentro Joel Embiid (y en menor medida Ben Simmons) te destrozan. Entre Curry y Green metieron 26 puntos, la mayoría en los últimos 12 minutos, con un 6/13 en tiros de tres.

Mientras todo eso pasaba, enfrente era Bradley Beal el que, casi en solitario, mantenía con vida a los suyos metiendo las canastas que el resto no sabía o no podía meter. El escolta se fue a 33 puntos, muy bien cuanto más cerca del aro (12/17 en tiros de dos) y muy mal cuanto más lejos (1/6 de tres). En cualquier caso, el disfraz de superhéroe no será suficiente en esta serie, en la que tienen enfrente a un señor equipo. Necesita apoyos, empezando por Russell Westbrook, a quien se le olvidó su versión estelar de las últimas semanas y volvió a recordar viejos vicios: 7/17 en tiros, 6 pérdidas, malas decisiones en los últimos minutos…

Mientras tanto las estrellas rivales sí que estaban al nivel que se espera. O incluso por encima, como en el caso de Tobias Harris, que se marcó un auténtico partidazo. Máximo anotador del encuentro con 37 tantos, el ala-pívot fue quien tiró del carro de los Sixers en el segundo cuarto, el peor de su equipo de lejos, y siguió sumando hasta el final, para no dar respiro a una defensa a la que trajo de cabeza. Si a eso le sumamos que Joel Embiid, que se fue al descanso casi sin aportar por problemas de faltas, volvió en la segunda parte en modo candidato a MVP (30 tantos), y que Ben Simmons estuvo brillante en la dirección (15 asistencias, además de 15 rebotes), el partido acabó cayendo del lado local por su propio peso. Mucho más tendrán que hacer los Wizards si quieren que esta serie se alargue en el tiempo.

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