Los Nuggets ya están aquí. El equipo que dirige Mike Malone necesitaba ganar para no irse rumbo a Portland con un 0-2 muy difícil de remontar. Y vaya que si lo hizo, en un partido más duro de lo que muestra un resultado final engañoso y en el que se necesitó, una vez más, la mejor versión de un Nikola Jokic que nunca falla para rascar una victoria clave. El serbio anotó 38 puntos, con 8 rebotes y 5 asistencias en una serie de lanzamiento espectacular: 15 de 20 en tiros de campo y 2 de 4 en triples, con 6 de 6 desde la línea de personal. Y todo en 31 minutos de juego. No necesitó más el jugador franquicia de los Nuggets, que sabe que tiene que monopolizar el liderazgo en ausencia de Jamal Murray y que los playoffs exigen una concentración inmediata y no una mirada a futuras rondas que no dejan de ser meras hipótesis que se pueden o no convertir en realidad. Jokic fue el mejor, lideró, anotó, protestó (todo un clásico) y sentenció cuando tuvo que hacerlo, al final de un partido en el que Denver ya contaba con ventaja, pero que terminó de rematar cuando Jusuf Nurkic fue eliminado por faltas, a inicios del último cuarto. Eso, y un triple y una asistencia de Facundo Campazzo, inclinaron definitivamente la balanza ante un equipo, el de Terry Sttots, que nunca se rindió, pero se conformó con la victoria en el primer partido.

Los Blazers tienen ahora la ventaja de campo, pero su esfuerzo defensivo sigue siendo cuestionable (por decirlo suavemente) y no parece suficiente para imponerse en una serie al mejor de siete partidos ante Denver, por mucho que no cuente con Jamal Murray. Desde luego, Damian Lillard querrá poner las cosas difíciles, tal y como ha hecho hoy; al menos, en la primera mitad. El base ha tirado de pundonor cuando los Nuggets parecían escaparse y, con un triple tras otro, dejaba vivo a su equipo al descanso. Eso sí, con las taras típicas de un sistema centrado solo en el ataque: 31 y 42 puntos recibidos en los dos primeros cuartos, un bochorno que solo arreglaban, de forma intermitente, los minutos de Jusuf Nurkic en pista. Lillard llevaba 8 triples al descanso, igualando el récord histórico, pero no pudo seguir el ritmo en la segunda parte, en la que solo anotó uno más.

El final del partido, por cierto, perteneció a un fantástico Facundo Campazzo, que estuvo en todas, sacó una polémica flagrante a CJ McCollum en el tercer cuarto y estuvo muy acertado en los minutos finales. Primero, con un pase que pasó entre las piernas del propio McCollum y que Jokic transformó en canasta, poniendo 20 arriba a su equipo (118-98). Y después, con un triple que enterraba definitivamente las opciones de sus rivales (121-100, con menos de cinco minutos para el final). El argentino acabó con 12 puntos, 3 rebotes, 6 asistencias, 3 robos y 1 tapón en 30 minutos y se postuló, un día más, como una pieza fundamental en el esquema de Mike Malone, al que le gusta jugar con varios bases (Monte Morris sumó otros 12 tantos, con 7 asistencias) y que tiene que tirar de todo lo que puede sin Murray. Campazzo, por cierto, lanzó con un 4 de 10 en tiros de campo y un 2 de 4 en triples, estuvo muy activo en defensa y los Nuggets finalizaron con un +11 con él en pista. Una actuación muy completa, tan solo la segunda de su carrera en playoffs. Y un buen presagio para los suyos, que necesitan sacar al menos uno de los dos próximos duelos en Portland para recuperar la ventaja de campo.

El poder de la intendencia

Parece que lo que va a marcar la eliminatoria no va a ser, a pesar de todo, el papel de las estrellas. Se presupone que Jokic y Lillard se moverán en su nivel habitual y que sus actuaciones serán como las de hoy, formidables. El serbio acabó con unos números tremendos, y el base (42+4+10 en más de 42 minutos), no se quedó corto. Sin embargo, la intendencia va a tener un papel fundamental en una eliminatoria de futuro incierto, en cuanto a resultado y a duración. Todo dependerá de la fortaleza mental de los Blazers, con el proyecto en jaque y Terry Sttots en la cuerda floja. Son ya muchos años intentando hacer avanzar un proyecto que se quedó con las finales del Oeste de 2019 como límite, en un año en el que se aprovecharon de la parte floja del cuadro para acceder a la penúltima ronda de los playoffs. Pero claro, eso sabe a poco teniendo en cuenta los años que lleva la construcción del equipo en torno a Damian Lillard. El techo es bajo, las posibilidades de anillo prácticamente nilas y, en esta serie, el miedo a vislumbrar el final de una era para la franquicia puede ser clave para decidir la elminatoria.

Ahí entrarán los secundarios. Los Blazers necesitan más de Carmelo Anthony, que fue una sombra del hombre que anotó 18 puntos con 4 triples en el primer partido de la serie; en este, solo 5 puntos con1 de 5 en tiros y un -24 con él en pista. La parte buena para ellos es el buen papel de Norman Powell (15 tantos), que Nurkic está en ascenso (7+13 y la única luz en defensa) y que CJ McCollum sigue siendo un seguro: 21 tantos, con 9 de 12 en tiros. En los Nuggets, las cosas han funcionado bien en ese aspecto: 18 de Michael Porter Jr., 13 de Aaron Gordon, 9 de Austin Rivers y 15 de un increíble Paul Millsap, que aporta puntos, además de garra y veteranía. Ahí estará la clave de la serie, en esa intendencia que a veces decide campeonatos y que, en este caso, será esencial para vislumbrar el final de una serie que, sin Jamal Murray, tiene un incierto final. De momento, ventaja de campo para los Blazers, pero con una victoria que refuerza a los Nuggets, que encaran los playoffs sin nada que perder sin una de sus estrellas, una lástima hace unos meses, cuando eran candidatos legítimos al título. Ahora, la historia es otra. Y la escribirán Jokic, Lillard y sus lugartenientes. Ya veremos quién prevalece al final.

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