Zidane jamás imaginó al arrancar la temporada el pasado mes de septiembre que adelantaría voluntariamente el finiquito de su contrato con el Madrid, que finalizaba en 2022. Y menos todavía que su adiós iba a ir acompañado, días después, de una carta enviada al Diario AS para despedirse señorialmente de la afición y para dejar, con un lenguaje directo, sentido y clarividente, mensajes relevantes sobre la drástica decisión tomada.

Y eso que Zizou inició el curso con el aval de haber conquistado dos meses antes la Liga 34. Un título que al marsellés le supo a gloria. Todos contentos con su trabajo: presidente, directiva y afición.

Pero la crisis económica por la pandemia hizo que el club le dijese al técnico que no iba a haber gasto en fichajes. Ni uno. Por eso Zizou llamó personalmente a Odegaard para convencerle de que regresase de su exitosa cesión en San Sebastián. Fue la única novedad de la plantilla. El técnico no entendió que no se hiciese un esfuerzo. De ahí su frase en la carta: “Siento que el club no me ofrece el apoyo para construir algo a medio o largo plazo”. Todo se complicó tras la derrota en Valdebebas ante el Shakhtar (2-3), teórica cenicienta de su grupo, y la sufrida también en casa ante el Cádiz (0-1). A Zidane le achacaron que alinease de inicio a Marcelo o Isco, dos jugadores en claro declive y en baja forma física. Zidane ya se sentía cuestionado… “Me voy porque siento que el club ya no me da la confianza que necesito”, insiste Zidane en su misiva.

El claro triunfo en el Clásico en el Camp Nou (1-3) tranquilizó las aguas, dado que antes de jugarse se llegó a decir que una derrota podría provocar su despido. “Aquí se ha olvidado todo lo que he construido en el día a día, lo que he aportado en la relación con los jugadores, con las ciento cincuenta personas que trabajan alrededor del equipo…”. Pero a finales de noviembre se cayó en el Di Stéfano ante el Alavés (1-2), con un arbitraje polémico por los dos penaltis sobre Marcelo y Hazard no señalados. Pese a eso, las cañas de nuevo se volvieron lanzas.

El Atleti se escapaba en la clasificación y las críticas, basadas en esas filtraciones que deslizaba a los medios el propio club y que denuncia Zidane (“esos mensajes filtrados intencionadamente a los medios creaban interferencias negativas con la plantilla, creaban dudas y malentendidos…”), insistían en que el francés no reconducía un grupo que parecía a la deriva. Ahí irrumpió el Zidane de siempre. Logró ganar los dos partidos decisivos de Champions ante el Inter de Conte (¡curioso que ahora quiera el Madrid al italiano!) y logró que su plantilla se aferrase a su carisma para no arrojar la toalla. “Menos mal que tenía a unos chicos maravillosos que estaban a muerte conmigo. Cuando la cosa se ponía fea, me salvaban con grandiosas victorias. Creían en mí y sabían que yo creía en ellos”, expone Zizou en su carta.

En enero explotó todo. El Alcoyano dio la sorpresa de la Copa eliminando a un Madrid ramplón (Isco y Marcelo volvieron a quedar señalados) y poco después el Levante derrotó al campeón de Liga en Valdebebas. Parecía todo perdido de nuevo. Y encima Zidane estuvo ausente dos semanas por dar positivo en COVID-19, mientras alguna portada afirmaba que su ciclo había llegado a su fin. Esas dos semanas le sirvieron para reflexionar fuera del estrés del trabajo diario y le dieron fuerza para regresar para el viaje a Huesca con una conferencia de Prensa donde reivindicó a su gente: “Somos todavía los campeones. Dejadnos trabajar, solo pido eso…”.

La fractura con el club estaba abierta, dado que oficialmente nunca se le buscó sustituto pero sí que en los medios circularon sustitutos filtrados (volvió a aparecer el nombre de Mourinho) ante los que nadie dijo nada dentro de la entidad, ni siquiera un mensaje de apoyo público. Zidane no se sintió respaldado en su momento de mayor debilidad. “Más allá de esto están los seres humanos, las emociones, la vida, y tengo la sensación de que las cosas no han sido valoradas”. Zidane tenía a Florentino y los hombres fuertes del presidente (José Ángel Sánchez, Juni Calafat…) a unos metros en Valdebebas y nadie se acercaba a los entrenamientos para decirle que se olvidase de todo y que el club estaba a muerte con él. Zizou no olvida que en marzo de 2019 regresó al rescate cuando Florentino más lo necesitaba…

Y de nuevo Zinedine obró el milagro de los panes y los peces. Reactivó a su tropa pese a la plaga de lesiones musculares y por COVID-19, se inventó una dupla imperial con Nacho y Militao, logró que Lucas fuera el mejor carrilero de la Liga y Benzema se alzó como el mejor Karim de siempre. El Madrid finalizó la temporada con entereza, a pesar de que el día del Sevilla el arbitraje de Munuera y de González González (en el VAR) lograse algo inédito: que Zidane protestase al final del partido al colegiado pidiéndole explicaciones por el penalti decisivo pitado a Militao. Aun así, el equipo aguantó vivo en la Champions hasta las semis, tras eliminar con brillantez al Liverpool, y en Liga hasta el final, con ese gol de Modric que dejaba el título de Liga a tiro de un gol del Valladolid.

Ante el Chelsea le penalizó que Ramos, Mendy y Hazard jugasen en precariedad física y que pusiese a Vinicius de lateral, lo que le ganó las duras críticas de la directiva en el mismo aeropuerto de Londres en el regreso. Explotó y le dijo a su gente “hasta aquí hemos llegado”. Todo eso, metido en la coctelera, le llevó a Zidane a anticipar su adiós. Pero él ha dicho la última palabra, de su puño y letra…

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